TERAPIA INDIVIDUAL
El trabajo terapéutico es un viaje hacia nuestro interior, donde están:
nuestros miedos, ansiedades y conflictos que vamos acumulando desde la niñez,
y que no nos están permitiendo disfrutar de nuestra vida en toda su magnitud.
Nuestros miedos son pistas que indican que tenemos cosas dentro que necesitan
cura; conocerlos, comprenderlos y aceptarlos nos ayuda a sanar esas heridas
mejorando nuestra relación con nosotros mismos, y, con quienes nos rodean.
Se trata de trabajar para tener el coraje de ser nosotros mismos, superando la dependencia emocional y crecer interiormente. Tomar conciencia de nuestros pensamientos, sentimientos y conductas para poder elegir la manera más positiva de expresarnos. En realidad, no hay nada que cambiar, sino de darnos cuenta de todo ello y aceptarnos tal como somos, perdonándonos nuestros errores y debilidades.
Nos han hecho creer que somos responsables de la felicidad, el humor, las riñas, los éxitos y fracasos de los demás. Pero, cuando asumimos la responsabilidad de otras personas, nos preparamos para el fracaso y, probablemente, no estaremos responsabilizándonos de nosotros mismos.
Durante nuestra vida pasamos por distintas etapas o ciclos de manera que no siempre somos capaces de superarlos sin grandes costes emocionales. Sufrimos pérdidas que nos dejan vacíos, remordimientos, rabia, impotencia El objetivo final de todo el trabajo es, a saber: dar otra perspectiva a nuestra vida para que sea más sana, alegre, satisfactoria y nos quede un sentimiento de agradecimiento a todas las experiencias que nos han ocurrido.
Ser padres no es algo que se trae aprendido, sino que son cualidades a desarrollar a través de su propio crecimiento. Como padres, deseamos que nuestros hijos se conviertan en versiones mejores de nosotros mismos; además, como les queremos, deseamos evitarles todo el sufrimiento y penas que nosotros hemos pasado como resultado de nuestros errores.
No obstante, y pese a nuestras buenas intenciones y a los esfuerzos sinceros, hay muchos niños-jóvenes que nos decepcionan: se retrasan en los estudios, se rebelan o retraen, no andan en buenas compañías y muchos sufren de altos niveles de ansiedad ante cualquier problema. Al final, la realidad hace que perdamos la confianza como padres. Queremos lo mejor para ellos: confianza interna, éxito en el estudio y en el trabajo, felicidad , pero no sabemos cómo ayudarles a conseguirlo.
En este punto es fundamental el concepto que el niño va desarrollando de sí mismo, ya que le influye en la elección de los amigos, en la elección de su pareja, en su integridad y creatividad y en su estabilidad. La clave del éxito de los padres reside, por tanto, en ayudarlos a desarrollar altos niveles de autoestima. La autoestima elevada se funda en la creencia, por parte del niño, de ser digno de amor y valioso.
Nuestro trabajo consiste, básicamente, en estas tres premisas:
· Aprendamos técnicas de disciplina que permitan el auto-dominio y la mejora personal sin dominar o controlar a nuestros hijos, sino educándoles.
· Aprendamos cómo lograr que nuestros niños sean menos impulsivos y más sociables y responsables.
· En definitiva, aprendamos a ser una familia afectuosa y capaz de compartir y de resolver los problemas.
Somos seres humanos funcionando por intermedio de una personalidad, no podemos tener acceso directo a la realidad, sino que la percibimos a través de unos FILTROS. Estos filtros mentales son particulares; cada uno tenemos el nuestro ya que hemos vivido unas experiencias, si bien parecidas, distintas de forma que se nos han grabado de una forma personal. Por tanto, también están programados: actúan sin que ni siquiera nos demos cuenta. Hemos construido el contenido de nuestro filtro mental, de forma que, contemplamos esta vida a través de las consecuencias de nuestras experiencias pasadas, tanto positivas como negativas, las proyecciones de nuestros temores y nuestros traumas emocionales. No nos hemos puesto en contacto con la realidad, sino con una percepción deformada de la misma.
El primer paso para salir de la trampa de nuestras creencias, programaciones, contextos de pensamiento es reconocer lo que tenemos, despertar nuestra conciencia dándonos cuenta de cuáles son nuestros aspectos de la personalidad, en los tres niveles: intelectual, emocional y corporal, pues el SUFRIMIENTO VIENE DE LA IGNORANCIA.
Es en este contexto donde utilizamos el eneagrama, con el objetivo de ampliar y limpiar nuestro filtro mental, y ser capaz de percibir la realidad de forma que podamos experimentar cada vez en mayor medida, PAZ, ALEGRIA, LIBERTAD, BIENESTAR, y tengamos mayor CAPACIDAD DE ACCIÓN.
El eneagrama es un sistema de personalidad poderoso y dinámico que define nueve modos fundamentales distintos de pensar, sentir y actuar.
PODEROSO, ¿Por qué?
Porque no trata de etiquetar a las personas, pues esta suele ser nuestra primera reacción, sino todo lo contrario, ya que, en el fondo nos enseña que todos somos iguales, que nuestra personalidad, si bien es diferente, la experiencia que nos lleva al desarrollo de esa personalidad es siempre la misma: la experiencia condicional del amor. La forma de vivir esa experiencia condicional del amor es lo que es diferente en cada caso, y dependerá de los mensajes recibidos por nuestros padres principalmente, u otros que cumplan sus funciones. Debido a que esta experiencia pone en peligro nuestra personalidad, hemos ido desarrollando unos deseos básicos para compensar esa pérdida sufrida, los cuales han ido degenerando en rasgos negativos que son nuestras pasiones. Son nueve tipos fundamentales los que determina el eneagrama.
DINÁMICO, ¿Por qué?
La persona, si bien tiene un eneagrama básico, se puede mover a otro u otros en diferentes situaciones y tiene rasgos de otros eneagramas. Cada eneagrama básico se mueve hacia otro en situaciones de estrés y su salida, su sanación viene de integrar los rasgos positivos de otros.
Además, cada eneagrama tiene tres franjas principales: sana, media e insana. En la franja sana, estamos cada vez más libres de las limitaciones de la estructura de la personalidad, como también de los hábitos y mecanismos del ego; estamos libres para ser en el momento, para elegir y para actual con sabiduría espontánea, fuerza y compasión. Llegar a este punto es nuestro objetivo. Sin embargo, a medida que bajamos por los niveles, se va limitando nuestra libertad. Nos desconectamos cada vez más de la realidad, de la capacidad de evaluar equilibradamente nuestra situación. Y, si descendemos hasta el punto de entrar en la franja insana, prácticamente no tenemos ninguna libertad de elección, más que continuar con nuestros hábitos destructivos o pedir ayuda.
Nuestra personalidad es consecuencia de lo que mejor pudimos hacer para salvar nuestra integridad. No hay nada que cambiar, sino de DARSE CUENTA de las emociones, de los pensamientos y actuaciones propias y de elegir con libertad. No hay nada que añadir; sino de sacar, de hacer conscientes nuestros rasgos desarrollados consecuencia del miedo. Ya lo somos todo y el camino es el de limpiar, el de sanar heridas emocionales, traumas que nos tienen atascados en un estado infantil de impotencia, rabia, frustración, culpa, resentimiento a través de hacernos responsables de nuestros pensamientos, emociones y actos.